LAS ELECCIONES EN EGIPTO – LAS OPCIONES DE LOS SOCIALISTAS.

Egipto: lo que esta en juego en las elecciones presidenciales. Entrevista

Por Mustafá Alí – Para Sin Permiso 

Los pasados 23 y 24 de mayo tuvo lugar la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Egipto, después de la caída de Hosni Mubarak en febrero del año pasado. Como era previsible, ninguno  de los candidatos ha obtenido más del 50 por ciento de los votos, lo que obliga a una segunda vuelta electoral el 16 y 17 de junio entre los dos candidatos más votados, de los 23 que se han presentado: Mohamed Morsi, del Partido de la Libertad y la Justicia, de los Hermanos Musulmanes, y Ahmed Shafik, mariscal del ejercito del aire y último primer ministro de Mubarak. Alan Maass entrevistó días antes de la primera vuelta a Mustafa Ali, periodista de Ahram Online (1) y miembro de la organización Socialistas Revolucionarios de Egipto sobre quiénes son los candidatos presidenciales y lo que representan.

¿Quiénes son los principales candidatos en estas elecciones presidenciales y que es lo que representan?

Tres candidatos han encabezado las encuestas de opinión a lo largo de las últimas semanas, y otros dos que han subido recientemente en las encuestas. 

Uno de ellos es, Amer Moussa, ex ministro de Relaciones Exteriores de Hosni Mubarak de 1991 a 2001, y secretario general de la Liga Árabe de 2001 hasta 2011. Ha sido el que las encuestas daban como ganador hasta casi el último momento. Tras la revolución el año pasado se ha presentado como un rival de Mubarak, como alguien que difería con Mubarak sobre las principales cuestiones de política exterior, especialmente el tema de Israel. 

El segundo candidato con mayores posibilidades en las encuestas era Abdel Moneim Abul Fotouh, un viejo rival de Mubarak y uno de los principales miembros de los Hermanos Musulmanes. Fue expulsado de los Hermanos Musulmanes el verano pasado por romper las reglas del partido y presentarse por su cuenta como candidato a la presidencia. Los Hermanos Musulmanes, sabiendo que iban a ganar las elecciones legislativas, habían prometido no presentar un candidato a la presidencia, como garantía a la gente, al consejo de gobierno militar y especialmente a Occidente de que no tienen intención de monopolizar todos los resortes del poder en Egipto. 

Aboul Fotouh rompió filas y anunció que se postulaba para la presidencia. Se le considera el ala liberal de los Hermanos Musulmanes. Su programa es socialdemócrata y bastante liberal en temas sociales, como el papel de la mujer, la minoría cristiana copta y otros. 

El tercer candidato mejor situado en las encuestas de opinión era Hamdeen Sabahi. Se trata también de un viejo opositor a Mubarak, que ha estado en la cárcel varias veces, al igual que Aboul Fotouh. Es el candidato del nasserista Partido de la Dignidad, y sus posiciones anti-sionistas son públicamente conocidas desde sus días de estudiante en la década de 1970. 

Estos han sido los tres candidatos que han encabezado los sondeos de opinión en los últimos meses. Pero en las últimas semanas, ha habido algunos cambios muy significativos con la inscripción electoral de dos nuevos candidatos. 

Uno de ellos es Mohamed Morsi, el dirigente del Partido de la Libertad y la Justicia, formado por los Hermanos Musulmanes. La Hermandad ha tenido serios conflictos con el consejo militar que ha gobernado Egipto desde la caída de Mubarak, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF). Hace un mes y medio La Hermandad renegó de su promesa de no presentar un candidato presidencial. Ahora presenta a Morsi, uno de sus principales miembros, y ha estado subiendo en las encuestas, justo detrás de los tres principales candidatos. 

El otro candidato sorpresa de última hora ha sido el mariscal del ejercito del aire y el último primer ministro de Mubarak, Ahmed Shafiq. Fue nombrado por Mubarak primer ministro, cuando ya había estallado la revolución, con la esperanza de apaciguar a los manifestantes con un nuevo gobierno, lo que es evidente que no funcionó. 

Popularmente se considera que Shafiq jugó un papel importante en la planificación de la infame “Batalla de los  camellos” el 2 de febrero del año pasado, cuando miles de policías y matones pro-Mubarak atacaron a los manifestantes en la plaza Tahrir, matando a docenas e hiriendo a cientos de personas. Si él no planeó el ataque, al menos, no hizo nada para detenerlo. 

Shafiq ha subido rápidamente en las encuestas en las últimas semanas y es considerado un contendiente serio. 

Estos son los principales candidatos, pero es importante mencionar también a Khaled Ali. Va muy por detrás en las encuestas, pero su campaña ha ido cobrando mucha fuerza, aunque era poco conocido por el público en general hasta hace un mes. 

Ali es un abogado laboralista y un activista de izquierda. Se hizo un nombre entre los activistas de derechos humanos y también entre algunos sectores de trabajadores, porque pasó años luchando en los tribunales contra la privatización de las empresas públicas por Mubarak. Ali ganó algunos casos sonados que obligaron a renacionalizar algunas de estas empresas. Fue asimismo el abogado que ganó un veredicto histórico ante los tribunales hace dos años por el que se estableció un salario mínimo para todos los trabajadores en el país.

Ali se define como socialista y se presenta a las elecciones presidenciales con un programa radical de izquierdas cuyos objetivos inmediatos son conseguir que el ejército salga de la vida política y la redistribución de la riqueza en Egipto. 

¿Puede explicarnos que relación tienen estos candidatos con la revolución que derrocó a Mubarak, si representan el impulso por la transformación de Egipto o la restauración del status quo? 

Desde el punto de vista de los activistas en Egipto, de los que quieren ver la profundización de la revolución, se podría agrupar a estos candidatos en tres categorías. 

En primer lugar, Moussa y Shafiq, los ex ministros de gobierno de Mubarak. La mayoría de las fuerzas revolucionarias considera que representan a los restos del antiguo régimen, a pesar de que Moussa ha tratado de distanciarse de Mubarak. No es así como la población general los ve, pero para la mayoría de los sectores de la izquierda, una victoria de cualquiera de ellos sería considerada una derrota de la revolución. 

En segundo lugar, Morsi, el candidato de los Hermanos Musulmanes, no puede ser considerado como un remanente del antiguo régimen. Pero la izquierda tiene una opinión negativa de él y de la Hermandad como gente que ha negociado y pactado acuerdos con el antiguo régimen en muchos temas en el pasado. Y que han jugado un papel muy destructivo con sus alianzas con el consejo militar en el transcurso del año pasado. 

La Hermandad no ha participado en las masacres de manifestantes, pero ideológicamente ha respaldado al SCAF en sus ataques contra los revolucionarios. Así que la izquierda considera que la Hermandad se ha situado en el campo del antiguo régimen y la contrarrevolución, aunque no sea un remanente del antiguo régimen. 

La tercera categoría esta formada por los candidatos que están asociados con la revolución. Ello incluye a Aboul Fotouh, que fue expulsado de los Hermanos Musulmanes, el nasserista Sabahi y el candidato socialista, Khaled Ali. Estos tres candidatos son vistos como los candidatos de la revolución, debido a su larga oposición al régimen, su participación en las luchas del año pasado, y su oposición más o menos principista a la dictadura militar durante todo el año pasado. 

¿Cómo es posible que los candidatos que representan al viejo régimen tengan posibilidades de ganar la presidencia cuando hace tan poco tiempo de la caída de Mubarak? 

Es importante comprender que la mayoría de la gente no mira a los candidatos de la misma manera que los militantes más activos en el movimiento revolucionario. 

Por ejemplo, muchas personas van a votar por Moussa – antiguo ministro de asuntos exteriores de Mubarak y exsecretario general de la Liga Árabe – son en realidad partidarios de la revolución, pero están dispuestos a creer sus afirmaciones de que era un viejo rival de Mubarak. Estas personas se sienten atraídas por Moussa, porque en un momento de inestabilidad, es alguien con mucha  experiencia en el gobierno y en la política internacional, y que, a pesar de su edad,  – que ronda los 70 años – puede conducir los destinos del país en este momento. 

La situación es diferente con Shafiq, el último primer ministro de Mubarak. Shafiq es un auténtico contrarrevolucionario. Cada día repite que Mubarak es su modelo, y que se compromete a utilizar un puño de hierro para hacer frente a los manifestantes y los revolucionarios para reimponer la ley y el orden a las 24 horas de asumir la presidencia. 

Por lo tanto, es bastante sorprendente que sea uno de los principales candidatos. Pero esto tiene que ver con dos factores. En primer lugar, después de más de un año de gobernar el país, el consejo militar ha logrado debilitar a las fuerzas revolucionarias. Ha utilizado a su favor el que la mayoría de la gente quiere que se celebren elecciones legislativas y presidenciales cuanto antes, lo que les ha permitido rentabilizar estas aspiraciones y creo que, de manera temporal, estabilizar el sistema, al menos políticamente. 

Ello ha dado una gran confianza al viejo partido gobernante de Mubarak y a los restos del antiguo régimen, que sigue siendo, sin duda, una fuerza muy significativa en el campo político y en la administración pública. Las fuerzas de la contrarrevolución creen que el momento de la revolucion ha pasado, y se están organizando con todas sus fuerzas en apoyo de Shafiq. 

Pero también es cierto que mucha gente ordinaria va a votar por él, no necesariamente porque están en contra de la revolución, sino porque en el contexto de crisis económica, Shafiq se hace pasar por un hombre de acción, un hombre capaz de restablecer el orden público y relanzar la economía de inmediato, porque ha estado antes en el gobierno. 

¿Por qué han cambiado su posición los Hermanos Musulmanes y han presentado un candidato? Y otra pregunta: La Hermandad y otros partidos islamistas fueron mayoritarios en las elecciones legislativas de enero. ¿Es Morsi, su candidato, el que tiene mayores posibilidades? 

Los Hermanos Musulmanes, después de ganar una mayoría parlamentaria en las elecciones de enero han tenido graves conflictos con el consejo militar. 

La Hermandad quería nombrar su propio consejo de ministros y destituir al designado por el SCAF. En segundo lugar, hay una lucha sobre quién va a redactar la constitución. La Hermandad, obviamente, quiere ser ella, utilizando su mayoría parlamentaria. El SCAF, por el contrario, quería tener la sartén por el mango en la redacción de la constitución y se opuso frontalmente a los Hermanos Musulmanes. 

Debido a estos conflictos, el SCAF ha llevado a cabo una campaña de propaganda contra la Hermandad, con la participación de los principales medios de comunicación, incluso los de propiedad privada. Ha habido una intensa campaña islamófoba en los últimos cuatro meses, machacando la idea de que la Hermandad está hambriento de poder y quiere convertir a Egipto en un nuevo Irán. 

Esa campaña, obviamente, daña la credibilidad de la Hermandad. Pero aun más, la Hermandad, a pesar de su mayoría parlamentaria, no ha abordado en estos cinco meses ninguno de los problemas esenciales, no sólo los problemas económicos a largo plazo, sino las consecuencias inmediatas de la crisis, como una aguda escasez de gasolina que hace que automóviles y camiones tengan que hacer cola un día o dos para llenar el tanque. En realidad, la Hermandad tiene en el Parlamento graves limitaciones a la hora de lo que puede y no puede hacer para solucionar algunas de las cuestiones económicas inmediatas. 

Así que esta combinación de factores, en primer lugar, el grave conflicto que enfrenta a la Hermandad con el consejo militar y, en segundo lugar, su incapacidad para desafiar realmente las políticas neoliberales heredadas del antiguo régimen, han hecho mella en la popularidad de los Hermanos Musulmanes. 

La Hermandad ganó probablemente el 50 por ciento de los votos en las elecciones legislativas, sin contar los votos que fueron a otros partidos islamistas, pero no se espera que gane las elecciones presidenciales. 

Sin embargo, habiendo dicho eso, los Hermanos Musulmanes  sigue siendo la mayor organización política del país, con profundas raíces en comunidades de clase obrera de todo el Egipto, norte y sur. El 17 de mayo, se organizó una cadena humana en apoyo de Morsi, con la gente cogiéndose de los brazos en largas hileras: fue una de las cadenas humanas mas largas en la historia, casi unos 700 kilómetros, desde Aswan en el sur del país hasta Alejandría en el norte. 

Esa capacidad de movilización de los Hermanos Musulmanes es la razón de que su candidato, a pesar de entrar en la carrera presidencial muy tarde, haya logrado pasar en las encuestas de opinión en pocos días de la cola a ser uno de los principales candidatos. 

Sin embargo, hay una caída en la popularidad de la Hermandad desde las elecciones legislativas. Muchas personas, no la mayoría, probablemente, pero muchas de las que votaron entonces por la Hermandad, ahora no están convencidas de que en realidad esté dispuesta a luchar contra la corrupción y para cambiar el sistema. Algunas están trasladando su preferencia de voto a los candidatos de Mubarak. Pero otros están apoyando a los candidatos asociados con la revolución. 

Así Aboul Fotouh, que fue expulsado de la Hermandad, se ha ganado una parte importante del apoyo de los jóvenes en la organización, precisamente porque fue expulsado, porque apoya la revolución y porque se negó a unirse a los ataques contra los militantes y manifestantes durante el año pasado . 

¿Qué expectativas tienen Aboul Fotouh y los demás candidatos asociados con la revolución? 

Las fuerzas que están más comprometidos con la revolución y con impedir un retorno al antiguo régimen están divididos en estas elecciones entre tres o cuatro candidatos. 

Sin embargo, el signo positivo es que si se suman los votos que, en principio, recogerán los tres principales candidatos asociados a la revolución, Aboul Fotouh, Sabahi y Ali, pueden obtener entre el 30 y el 35 por ciento. Lo que no esta mal, teniendo en cuenta la situación, sobre todo teniendo en cuenta que no existe en el terreno nada parecido a la capacidad organizativa de los islamistas y las fuerzas del régimen. 

Ha habido un retroceso en los últimos meses en cuanto a las movilizaciones de masas, porque la gente ha estado esperando a las elecciones presidenciales. Se espera que la participación electoral sea superior en las elecciones presidenciales que en las legislativas parlamentarias, que ya fue bastante importante. 

En parte, la razón es que mucha gente esperaba que el Parlamento tendría soluciones inmediatas a la crisis económica aguda que sufrimos. Muchos trabajadores votaron a favor de la Hermandad por esta razón. Ahora, con la gente escarmentada por la inutilidad del parlamento, cada vez más vuelcan sus esperanzas en que el próximo presidente tenga una varita mágica que le permita resolver la crisis económica del país y lograr la libertad y la justicia. Es muy irónico que la misma gente que vuelve la espalda al Parlamento, ponga su fe en el próximo presidente. 

En realidad, el próximo presidente – incluso si es un presidente de la izquierda – heredará un sistema que en su mayoría sigue intacto desde los días de Mubarak: la misma maquinaria del Estado y la misma clase dominante, decidida a seguir las mismas políticas neoliberales y pactos con el FMI. Puede llevar algunos meses, pero es inevitable que la gente se acabe dando cuenta que la elección de un nuevo presidente no es suficiente para cambiar el sistema. 

Es interesante que en todo el país las huelgas no sólo han continuado, sino que han madurado de distintas maneras. Los trabajadores no sólo se declaran en huelga por motivos inmediatos, sino porque se sienten engañados por tantas promesas incumplidas por el gobierno en el transcurso del año pasado y ahora por los Hermanos Musulmanes. 

Así que es una situación muy tensa, y el nuevo presidente va a tener que hacer concesiones importantes a millones de trabajadores y pobres para poder mantener algún tipo de popularidad durante un período de tiempo prolongado. 

Las elecciones tienen lugar en medio de intensas luchas económicas pero, por desgracia, muchas de estas huelgas, aunque afectan y debilitan al consejo militar, no consiguen cambiar la correlación de fuerzas porque no están coordinadas y el movimiento obrero no tiene una representación política propia independiente. 

Se trata de experiencias, por lo general, de aprendizaje de una gran cantidad de personas; a través de la lucha económica y por medio de las luchas políticas están comprendiendo que se puede esperar en realidad de un sistema parlamentario. 

Para terminar quizás, hay que referirse a la emoción con la que gran parte de la población vive estas elecciones presidenciales. A pesar de todo lo que ha pasado, de las cosas terribles que ha hecho la SCAF y las promesas incumplidas de la Hermandad, hay un fuerte sentimiento de emoción de vivir la primera elección democrática de la historia de Egipto y que las personas tienen ahora derecho a hablar de política y elegir sus candidatos. 

Eso es un paso muy importante para una población que ha sido muy golpeada durante 60 años. Las elecciones serán un gran logro de la revolución, un logro del que sentirse orgullosos, a pesar de todo lo demás.

 

Mustafa Ali, es periodista de la edición inglesa del diario Ahram (http://english.ahram.org.eg/index.aspx) y dirigente de la organización Socialistas Revolucionarios de Egipto. Alan Maass es redactor del semanario Socialist Worker, publicado en EE UU.

 

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