CARTA ABIERTA A CARTA ABIERTA – Por Eduardo Gruner

Carta Abierta a Carta Abierta (sobre Cristian Ferreyra y otras “anomalías”) (por Eduardo Gruner

Eduardo Grüner
Integrante de la Asamblea de Intelectuales, Docentes y Artistas en apoyo al FIT

Estimados amigos:

Acaban ustedes de hacer pública su Carta Abierta No. 10, centrada principalmente (aunque no exclusivamente) en el asesinato de Cristian Ferreyra. Lo consideramos un documento importante, por razones múltiples aunque a veces contradictorias. Es en respeto a esa importancia que juzgamos igualmente pertinente debatir con él con toda la seriedad y el rigor de que seamos capaces. Nos permitimos, pues, una serie de fraternales pero firmes puntualizaciones:

1.Los intelectuales solemos tener un problema, que proviene de las propias ventajas –y privilegios- de nuestra posición social y cultural: nos fascinamos fácilmente con nuestras propias palabras. La muy encomiable y defendible búsqueda de “nuevos lenguajes” que puedan dar cuenta de una realidad compleja, cambiante, dinámica y no siempre transparente, y a lo cual no podemos renunciar, corre el riesgo de diluir la tensión con la propia realidad que intentamos indagar. Empezamos por decir que “en medio de las grandes esperanzas, sucede nuevamente el penoso acontecer de la sangre derramada”, o que “en cada una de estas muertes inocentes surge a bocanadas el signo de una historia irresuelta e injusta”, y ya parece que hemos establecido el marco profundo de la crítica de lo real . Y lo hemos hecho, además, con expresiones bellamente poéticas (nos eximiremos aquí de recordar –muchos de ustedes son atentos lectores de Walter Benjamin- los peligros de la “estetización de la violencia”, que afortunadamente la CA 10 logra sortear). A veces creemos que eso nos exime de la confrontación con la totalidad compleja de la realidad que lamentamos, y que a menudo excede el alcance de las palabras, e incluso con las implicaciones de las propias palabras que usamos para aludirla. Por ejemplo: a continuación de esos enunciados, ¿no convendría discutir cuáles son esas “grandes esperanzas” que aparecen sorprendidas por la “sangre derramada” (este último sintagma ya no suena tan nuevo ¿verdad?)? Dan ustedes por sentado que el contenido concreto de las “esperanzas” fue el que salió ¿homogéneamente? ratificado de las urnas por una abrumadora mayoría que, justamente por ser tan grande, incluye necesariamente a todas las clases sociales, sus distintas fracciones, sus intereses con frecuencia irreconciliablemente contrapuestos (de no ser así, ¿por qué haría falta asesinar militantes populares?). ¿Pueden ser las mismas “esperanzas” las que han votado los propietarios de un ingenio gigantesco que utiliza fuerza de trabajo semi-esclava, y las que han votado las víctimas de ese sistema? ¿Son comparables las “esperanzas” del terrateniente que busca expandir a cualquier precio las fronteras sojeras con las del indígena o campesino que –como muy bien dicen ustedes- representa una resistencia de más de 500 años a la expoliación genocida del Capital mundializado? Si no es así, quiere decir que ese 54 % es un campo de batalla , también aunque no solamente “cultural”, en el cual el gobierno, y cada uno de nosotros, deberá tomar partido. Del mismo modo, una vez que nuestra dolida crítica ha señalado “el signo de una historia irresuelta e injusta”, ¿no convendría poner en discusión qué se está haciendo realmente hoy , aquí y ahora –qué está haciendo nuestro Estado, para empezar-, para “resolver” esas injusticias históricas? ¿O es que el recurso a la “totalidad” histórica que nos ha determinado nos exime de analizar igualmente la “totalidad” de las responsabilidades que prolongan en nuestro presente la injusticia? Pero no. Lo que encontramos inmediatamente es que “en esta época propicia” que “no ha sido esquiva en generar justas reparaciones”, “por ello mismo, debe ser propicia para mencionar estos hechos que le son extraños o anómalos”. Pasaremos por alto la timidez del verbo “mencionar” (no “criticar”, “impugnar”, “cuestionar”, etcétera) para preguntarles: ¿de verdad piensan ustedes que, dentro de una lógica presidida por lo que ustedes mismos califican como “avidez” del capitalismo agroexportador, hechos de este tipo son tan extraños y anómalos? Lo que parece algo extraño y anómalo, sí, es un razonamiento que apunta a mostrar el asesinato de Cristian Ferreyra como un acontecimiento inaudito , “extraño” frente a las grandes “esperanzas”, y al mismo tiempo recuerda el de otro Ferreyra, Mariano, y el de los quom , y los del Indoamericano, y los de Jujuy, y, y…, sin privarse por otra parte de apelar a la calificación –más policial que política, por cierto: es una elección de términos sugestiva- serial . Cómo es que una serie puede ser una “anomalía”, se nos escapa. Porque, una serie de anomalías , ¿no empieza al menos a hacer conjeturar una cierta regularidad ?

2.Pero, retomemos el hilo. En la CA 10 conviven incómodamente dos lógicas discursivas: cuando se trata de analizar las “injusticias históricas” se trata de una “totalidad” compleja plena de matices y contradicciones. Por ejemplo: las víctimas no son “inocentes” en ningún sentido ingenuo del término, ya que estos luchadores (la palabra es de ustedes, y la hacemos nuestra) han sabido sostener “hierros candentes” y cerrar sus puños sobre una piedra. No se ve bien a qué viene esta aclaración –descartamos absolutamente que se insinúe aquí una interpretación al estilo de los “dos demonios” que pudiera hasta cierto punto explicar que a las piedras se haya respondido con balas de plomo-, salvo como voluntad de mostrar las complejidades de este tipo de situaciones. Sin embargo, cuando se trata de analizar las responsabilidades actuales , esa complejidad “dialéctica” se transforma en binarismo de polos excluyentes, sin conexión entre sí: por un lado están las grandes esperanzas despertadas por el “modelo” –así, en boque, sin discriminación de a qué diferentes y antagónicos proyecto(s) de clase(s) pertenecen-, y por el otro están las “anomalías”. En el mejor de los casos las “anomalías” son rémoras , resabios de una época bien pretérita, incluso… ¡feudal!: “La avidez de un capitalismo depredador… vive su medioevo de conquistas”, etc.. Otra vez no se entiende el razonamiento, sobre todo cuando a renglón seguido nos encontramos con que “El gran capitalismo agropecuario tiene su mirada en la Bolsa de Chicago, en las operaciones políticas de gran escala, en los secretos de los gabinetes químicos que perfeccionan la semilla transgénica”. No suena muy medieval que digamos, ¿verdad? Al contrario: es una excelente descripción de la plenamente moderna actualidad de un capitalismo que es el nuestro . Sin embargo, el razonamiento da toda la impresión de querer separar el capitalismo “realmente existente” en nuestro país de las “anomalías feudales” de algunos capitalistas desbordadamente “ávidos” (que saben hacer uso de recursos tan poco medievales como la Bolsa de Chicago y las semillas transgénicas), como si a todo lo largo de la historia del capitalismo no hubiera podido ser perfectamente compatible –y aún necesaria- la articulación entre la lógica dominante de la (en este caso) más moderna expansión agroindustrial con las más variadas formas de esclavitud y semi-esclavitud, no en tanto rémoras “feudales” sino como producto de esa misma lógica de aseguramiento de la rentabilidad y la ganancia: “Desarrollo desigual y combinado”, bautizó a esa “anomalía” un clásico del pensamiento marxista. No, no son “forajidos de frontera” ni “escapados de otra época”: son nuestros, son de aquí, y son de ahora. Y sigamos con los ejemplos: hacen ustedes muy bien en recordar la gran cantidad de etnias y culturas aborígenes que conforman la parte olvidada (y superexplotada, cuando no masacrada) del pueblo argentino. Y lo hacen introduciendo toda la complejidad y contradictoriedad de su historia: recuerdan las guerras interétnicas, y las alianzas de algunas de esas etnias con los conquistadores contra las etnias rivales resistentes, y así. Es cierto que una vez más no se ve bien a qué viene la erudita referencia (¿hay buenas y malas personas tanto entre víctimas como entre victimarios? Claro que sí, pero esa más que obvia generalidad no quita que haya víctimas y victimarios no equivalentes en el “gran relato” histórico). Pero, en todo caso, es muy atinado que ustedes recuerden esa “lejanía indiscernible” y esa “heterogeneidad sorprendente” –menos indiscernible y sorprendente, desde ya, para los historiadores y antropólogos que han explicado exhaustivamente y desde hace mucho esos fenómenos- y afirmen que “no es necesario que nos imaginemos un pasado pulcro e incontaminado”. Gran verdad. Pero, perdón, el presente sí? ¿Que –según el razonamiento discursivo de la CA 10- esos asesinatos “seriales” sean anomalías de otra época perpetrados por forajidos escapados de la barbarie feudal, no tiene como consecuencia necesaria que vivimos en un mundo de esperanzas, “pulcro e incontaminado”, que de pronto –vaya a saberse por qué “retorno” de la barbarie encarnada en algunos (¿cuántos? ¿quiénes?) “forajidos”- es asaltado intempestivamente en su reino de la “cabal apuesta por la plena igualdad”? ¿Se ve entonces la aplicación de dos patrones de análisis radicalmente distintos, uno que toma en cuenta todas las complicaciones dialécticas del pasado, mientras el otro simplifica binariamente el presente, dividiéndolo en la “normalidad” de un tiempo “esperanzado” y las “anomalías” del capitalismo depredador?

3.Hay, en la Carta, un párrafo altamente sugestivo, que por un lado refrenda lo que venimos diciendo, y por otro lo contradice contradiciéndose a sí mismo. Dicen ustedes: “Son nombres que reaparecen cuando actúan el capanga, la policía rural dominada por las peores lógicas de los empresarios, pequeños o grandes, de la tierra, vinculados a una irresponsable clase política”. Aquí hay un deslizamiento de la particularidad del “capanga” malvado o incluso de la “policía rural” (nada sabemos de otras policías bien “urbanas” que actuaron, o desactuaron, en el caso Mariano, Indoamericano, Ledesma y demás, que ustedes mismos “mencionan”), a la generalidad ya más “sistémica” de las peores lógicas empresariales (las hay, evidentemente, mejores , que no matan gente, pero en fin, avancemos) a una irresponsable (nosotros preferiríamos discutir su responsabilidad , pero en fin…) clase política (nosotros preferiríamos hablar de “políticas de clase” , pero en fin…). ¡Totalmente de acuerdo! Pero, perdón, ¿quiénes son esos empresarios y esa “clase política”? ¿Están o no vinculados al Estado, a los gobiernos provinciales y al nacional, son o no aliados (¿tácticos?) de un gobierno que, lejos de denunciarlos y castigarlos, los arropa en el amplísimo manto del “modelo”? ¿o eran ellos, resulta, los “forajidos” salidos de algún arcaico estrato geológico de la prehistoria bárbara? ¿Forma o no parte, todo eso, del “modelo” de “capitalismo voraz y depredador” cuyas estructuras básicas siguen siendo hoy las de nuestra “historia irresuelta e injusta”? ¿Son “anomalías” que están enfrente o afuera del “modelo” –y si es así, no entendemos por qué muchos de esos empresarios lo apoyan con creciente énfasis-, o son más bien efectos de un “modelo” uno de cuyos componentes centrales es ese “capitalismo agroexportador” que produce tales “anomalías”? Sería muy importante que ustedes intentaran responder estas preguntas. Ayudaría a aventar toda suspicacia respecto de los efectos “objetivos” del discurso de la CA 10. La suspicacia, por ejemplo, a propósito de que lo que aparece -y sin duda honestamente es , pues desde Hegel sabemos que no hay ser sin apariencia – como una crítica a las “anomalías”, pudiera servir al mismo tiempo como operación que separa al “sistema normal” de sus (ni siquiera “consecuencias no buscadas” sino) “extrañezas”, es decir ajenidades al “modelo”. La lógica de la CA 10 se diría sustentada, en este sentido, por la típica operación ideológica “fetichizante” de sustitución del todo por la parte y de las causas por los efectos. Las “partes” y los “efectos” aparecen como “rarezas” externas, en todo caso sorpresivamente incrustadas en el presente “pulcro e incontaminado” del “modelo”, cuando en verdad son partes y efectos inevitables del componente agroexportador “voraz” del propio modelo. Razonando de esa manera, no es de extrañarse que ustedes se extrañen de que de pronto aparezca de la nada –“como rayo en día sereno”, hubiera dicho Marx- este reguero de sangre. Dice la CA 10: “Es un problema multisecular, que queda en penumbras hasta que un asesinato lo ilumina. Del mismo modo, el asesinato de Mariano Ferreyra iluminó como una chispa al costado de las vías, la realidad oscura de la tercerización”. Pero, metáforas lumínicas aparte, ¿ustedes no sabían que existía esa “realidad oscura”? ¿Tuvo que ocurrir el asesinato, encenderse esa ominosa “chispa”, para que se decidieran a hablar del “problema”? Es difícil creer eso. Quizá creyeron, una vez más, que denunciar todo esto de antemano –es decir, antes de que fuera demasiado tarde para Mariano y para Cristian, para los qom y los jujeños- era darle armas a la derecha. Pero, ¿a cuál? Porque a esta altura –después de los inequívocos apoyos que el “modelo” ha recibido por parte de todas las principales fracciones de los “poderes fácticos” (nosotros preferiríamos hablar de clases dominantes , pero en fin…)- no hace falta argumentar demasiado que la derecha , la que realmente importa (no nos referimos a los medios de la “Corpo”, esa “vanguardia” del despiste ideológico que ha quedado pedaleando en el vacío) está plenamente consustanciada con el “modelo”, y lo estará cada vez más a medida que avance la crisis internacional. No solamente porque han hecho bien las cuentas y han concluido que en medio de la turbulencia es mejor “no cambiar de cabello en mitad del río” (ya canónico apotegma peronista), sino porque este “modelo” –que incluye , aunque no pueda reducirse a él, el capitalismo agroexportador “voraz” que en el límite mata a quienes se le resisten- es el único que, por ahora, puede salvarle la ropa, y alimentar las “esperanzas”, sí, de un “capitalismo en serio” (porque hasta ahora, parece, era todo un gran chiste).

4.Que se nos entienda bien: va de suyo que están ustedes en todo su derecho de defender el “modelo”, si creen que es lo mejor, o lo único, que se puede hacer en la Argentina de hoy. No es, desde luego, nuestra posición, pero precisamente lo que tiene sentido es discutir nuestras diferencias . No se trata de no reconocer esas medidas “reparadoras” que ustedes citan, y que parecen tanto más espectaculares cuanto más se las compara con menematos y delarruatos (aunque, ya van ocho años, y vamos por cuatro más, total doce; pero en fin…). Pero sí se trata de procurar discernir cuál es la lógica de fondo en la que podríamos inscribir “lo que falta”. Eso no se podrá hacer si dividimos la realidad argentina actual en dos compartimientos mutuamente excluyentes: por un lado el “modelo” y todas sus bondades, por el otro las “anomalías” perversas que parecieran efecto de alguna invasión extraterrestre. Hay una conexión “dialéctica” entre ambas: no necesitamos explicarle a los “frankfurtianos” que hay entre ustedes, que son muchas veces los “detalles” más extremos y aparentemente insólitos los que permiten reconstruir la constelación total a la que pertenecen. Los asesinatos de los que ustedes –con toda razón- se espantan e indignan, pertenecen como tales “extremos” a la potencialidad siempre “actualizable” de la lógica “normal” de un modelo que pone férreos límites a la “profundización” de sus aspectos más “progresistas” (si quieren llamarlos así) y al mismo tiempo vela por los intereses de sus aliados más poderosos. Nadie está diciendo que el “modelo” consista en matar campesinos que defienden sus tierras, se entiende; pero sí que si ello, en algún momento –y esos “momentos”, en efecto, ya van constituyéndose en serie – se hace necesario, esa es siempre una posibilidad , y no una “anomalía”. ¿No es algo sobre lo que deberíamos pensar? Con mucha más razón cuando las medidas que el gobierno ya ha empezado a tomar en este breve período “transicional” indican claramente, para quien esté dispuesto a tomar en cuenta la totalidad de la “constelación”, el giro a la derecha de que tanto se habla (y no nos dejaremos extorsionar con el argumento de que ese enunciado es utilizado cínicamente por la “Corpo”: otra cosa que no necesitamos explicar es que el sujeto de la enunciación altera radicalmente, siempre, el sentido del enunciado). Por sólo tomar un “pequeño” ejemplo: hacia el final de la CA 10 afirman ustedes estar a favor de las recientes decisiones a propósito de Aerolíneas Argentinas, incluyendo, es de suponer, la anulación de la personería gremial y práctica “militarización” de un sindicato. Como podrán imaginarse, no seremos nosotros quienes defendamos las presumibles corruptelas o “malas intenciones” de alguna fracción de la peor burocracia sindical. Pero, ¿no ven ustedes –dentro de la “constelación” global- que esto último se inscribe en la cada vez más insistente “constelación” de discursos presidenciales que exhortan a desactivar la protesta social, a silenciar los reclamos populares (incluidos los del casi 40 % de trabajadores aún “en negro”, los de los tercerizados súbitamente “iluminados” por el asesinato de Mariano, etcétera), a poner un techo rígido del 18 % a las demandas de unos aumentos salariales que por lo tanto seguirán estando muy por detrás de la inflación? ¿No ven que desde hace ya tiempo se están “abriendo los paraguas” para prevenir un posible aumento de la conflictividad social que podría -seamos prudentemente condicionales- producirse en caso de que lo que se “profundizara” fuera la crisis mundial y sus (inevitables, dentro de la “constelación”) consecuencias de “ajuste” cada vez más duro? Y si eso ocurriera, ¿de qué lado creen ustedes, sinceramente, que se pondría el gobierno para defender este “modelo” que, está visto, despierta crecientes “esperanzas” entre el porcentaje mínimo del 54 % que representa el poder real ? Y por supuesto, no se trata sólo de discursos sino también de hechos : a las medidas que se han venido tomando hay que sumarles los cerca de cinco mil casos (cinco mil ya es algo más que una serie de “anomalías” ¿no?) que siguen existiendo de “judicialización” de la protesta social, de los que el reciente y grotesco intento contra el “Pollo” Sobrero es apenas un botón de muestra. ¿Entonces? ¿nada de eso es también el “modelo”? ¿son solamente sus “contradicciones internas”, las “tensiones” no buscadas que devienen de los sistemas de alianzas políticas y con los “poderes fácticos”, necesarios para una “acumulación de fuerzas” (¿hasta dónde? ¡ningún otro gobierno, incluidos los del mismísimo Perón, tuvo nunca tanta fuerza ni poder de legitimación!)? Entonces, acumuladas las fuerzas, ahora sí vamos… ¿a dónde? ¿en qué dirección? ¿con cuál otro “modelo” que sería tan radicalmente diferente al actual –que tendría que serlo para poder incorporar aún todo lo que ustedes mismos dicen que “falta”-? Hacen ustedes una larga lista de cosas que todavía “faltan”. Aún cuando todas ellas sumadas, si se cumplieran, todavía no implicarían una transformación a fondo de las “estructuras básicas” de la sociedad (nadie les está pidiendo que se definan como radicalmente anticapitalistas: de ser así no estaríamos debatiendo todo esto), no podemos sino acordar plenamente con esa demanda. Pero, ¿a quién se lo están demandando? En ningún momento de la CA 10 se insinúa que podría ser la movilización de las masas organizadas autónomamente (e incluso si por el momento quieren seguir definiéndose como peronistas y / o “K”) la que obligara (o, digamos, ayudara , concediendo la posibilidad de que el gobierno quiere hacerlo, pero está atado por su sistema de alianzas, o lo que fuere) al gobierno a “profundizar” en “lo que falta”. ¿Se lo piden, entonces, al Estado, a este Estado? Créannos, por favor: sin que las masas lo empujen, no lo va a hacer. La movilización autónoma de las masas populares –salvo que se trate de asistir a los festejos bicentenarios o a las exequias del ex presidente- no es parte de la “constelación”, más bien al contrario, lo es su desmovilización : para eso está –entre muchas otras cosas, pero como herramienta decisiva- la burocracia sindical. Y aún aquí es evidente el giro a la derecha, si resulta verificarse el desplazamiento de Moyano a favor de los “Gordos” y compañía. Insistimos: ¿no habría que analizar esta “constelación” entera , sin duda con sus vacilaciones, conflictos y fragmentaciones internas, pero no pretendiendo que el “modelo” y Cristian Ferreyra son fragmentos absolutamente externos y ajenos uno al otro? Como dice un famoso postulado de la física, el todo sólo es igual a la suma de las partes cuando las partes se ignoran entre sí; cuando se relacionan entre sí, en cambio, esas relaciones se incorporan al “todo” previo, y lo transforman en otra cosa . Como se puede ver, la física también puede ser, a veces, “pensamiento crítico” .

Los saluda fraternalmente,
Eduardo Grüner

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a CARTA ABIERTA A CARTA ABIERTA – Por Eduardo Gruner

  1. Mulder dijo:

    Buenísimo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s