LA LOCURA DE LOS LIDERES Y LOS DIRIGENTES POLITICOS

Detener la insania

Por David Sirota – Para Sin permiso

Si sospechas que nuestros legisladores y líderes empresariales están todos locos, puedes estar en lo cierto.

Como la mayor parte de la gente que está viviendo esta agitada era de turbulencia económica y disfunción política, probablemente puedas recordar un momento en los últimos meses en el que hayas pensado que tus legisladores y líderes empresariales están todos locos. No solo locos  disparatados, como los padres de George Costanza [N de la T: personajes de la popular serie televisiva norteamericana Seinfeld] sino del tipo de locos que hacen que películas como El Silencio de los Corderos (1991) o Alguien Voló sobre el Nido del Cuco (1975) sean tan aterradoras.

La buena noticia para ti es que no estas loco por pensar eso. La mala noticia para todos nosotros es que de acuerdo con dos nuevos análisis científicos, estás más acertado en tu juicio de lo que puedas pensar.

La primera revelación vino del Dr. Nassim Ghaemi de la Universidad Tufts. En su reciente libro, A First-Rate Madness [N de la T: el libro no tiene edición castellana y la traducción tentativa del mismo es: Locura de primer nivel], el autor fue más allá de reformular meramente el viejo adagio según el cual nadie lo suficientemente loco como para ocupar un cargo público tiene posibilidades de ocuparlo. Por el contrario, el libro echa luz sobre lo que Ghaemi denomina una “ley inversa de la sanidad”, mediante la cual en tiempos tumultuosos como estos en realidad se recompensan y promueven figuras políticas que son “mentalmente anormales (o) hasta enfermas”.

Está por salir, además, un nuevo estudio de la Universidad de St. Gallen (Suiza), que muestra que la elite más exitosa de las finanzas mundiales probablemente sea una amenaza mayor para la sociedad que los psicópatas conocidos.

Como informó la página web Newser, los investigadores “enfrentaron a un grupo de corredores de bolsa con un grupo de psicópatas reales en varias simulaciones de ordenador y tests de inteligencia, y encontraron que estos hombres del dinero fueron significativamente más temerarios, competitivos y manipuladores. “Aun más sorprendente, los investigadores notaron que alcanzar el éxito era menos importante para los especuladores de activos que el golpear sádicamente para “perjudicar a sus oponentes”.

Estos resultados se asientan sobre investigaciones similares realizadas en el pasado reciente. En 1996, investigadores de la Glasgow Caledonian University descubrieron conexiones entre la psicopatía y la especulación financiera exitosa, concluyendo que “con una correcta crianza, (los psicópatas) pueden convertirse en exitosos corredores de bolsa, incluso asesinos seriales”. Asimismo, en 2004, investigadores de la University of British Columbia llegaron a conclusiones similares y crearon un test para ayudar a las empresas a detectar “psicópatas empresariales” dentro de sus filas. Ese mismo año, el premiado documental “The Corporation” utilizó la métrica de la Organización Mundial de la Salud para mostrar que si las grandes corporaciones realmente fueran “personas” como insiste nuestra Corte Suprema, entonces muchas de ellas estarían mentalmente enfermas.

Obviamente, estos resultados reflejan el hecho no tan sorprendente de que la naturaleza extrema del proceso político moderno y el casino económico actual auto selecciona inherentemente ciertos tipos de rasgos. Y, sin duda alguna, cambiar completamente esta dinámica podría ser imposible o indeseable –o ambas-.

Sin embargo, los resultados son un recordatorio de por qué ahora –más que nunca- debemos rehusarnos a sucumbir a la apatía política y a la demagogia del laissez-faire. Es más, es tiempo de redoblar nuestro compromiso para fortalecer los controles sobre el poder político y empresarial porque ese poder está siendo, a menudo, ejercido por los más inestables de nosotros.

Entonces, ¿qué significa esto en la práctica? Significa que cuando veamos a una desquiciada Casa Blanca ignorando la Constitución y reclamando el derecho despótico de asesinar a ciudadanos americanos sin cargos criminales, exijamos que el Congreso detenga la locura –en vez de avalarla en silencio-. Significa que cuando veamos un movimiento popular espontáneo que ocupa físicamente el Bajo Manhattan y desafía la rapacidad desenfrenada de los bancos, aplaudamos el esfuerzo como debimos haber hecho tiempo atrás –en lugar de tildarlo de utópico-. Significa, resumidamente, que nos rehusemos a mantenernos en silencio frente a la locura.

Francamente, si tenemos la prueba científica de que los pacientes psiquiátricos están rondando los pasillos de Wall Street y Washington, esto es lo que debemos hacer como mínimo –aunque deberíamos hacer mucho más-.

David Sirota, editor general y columnista de In These Times, autor además del exitoso libro Back to Our Future: How the 1980s Explain the World We Live In Now—Our Culture, Our Politics, Our Everything, sacado a la venta en marzo de 2011. Conduce un programa radial matutino en AM 760 en Denver.

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