OTRO CRIMEN DEL IMPERIO: LIBIA, KADHAFI, Y VAN,……

Por Manuel Justo Gaggero ( Para Argenpress )

El líder cubano Fidel Castro, en una de sus profundas reflexiones, señala: “Me hago, una pregunta ¿Por qué tanta coincidencia entre el asesinato realizado en Abbottabad y el intento de asesinar a Kadhafi?”.

Y sigue analizando estas, que sin duda, no son coincidencias.
“Hace pocos días aviones norteamericanos bombardearon la casa de uno de sus hijos Saif Al Arab, asesinando a este, a su hijo de sólo 4 años y a dos primos menores. La casa fue absolutamente destruida”.
Estos bombardeos comenzaron a mediados del mes de marzo. Mas precisamente el 19 de marzo a las 19 y 45, cuándo aviones franceses atacaron a blindados del ejército de Libia en “cumplimiento” de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, que aprobó la solicitud de Estados Unidos, Francia e Inglaterra de establecer una “zona de exclusión” en el territorio de ese país árabe del norte de Africa.
Esta decisión fue adoptada, con la oposición de Rusia y China y la abstención de Brasil, y fue el corolario de una campaña mediática que mostraba al régimen de Muammar Kadhaffi reprimiendo a los civiles que se oponían a su gobierno y atacando a los mismos mediante el uso de la aviación, provocando, según los medios informativos de los países occidentales, miles de muertos.
Las cadenas de la televisión no pudieron exhibir imágenes algunas de estas supuestas masacres.
Sí, en cambio, se cuentan por centenares de miles los asesinados por las tropas de la coalición -la misma que hoy entra en escena en este país- en Irák y Afganistán.
El presidente Obama, que calificara de patriota al General y dictador depuesto en Egipto Hosni Mubarack y Nicolás Sarkozy -el mandamás de Francia- que apoyara hasta último momento al Dictador derrocado en Tunez Zine Ben Alí, condenaron el presidente libio -hasta ayer un aliado de Washington y París-.
Es evidente que esta brutal agresión contradice el espíritu y la letra de la Resolución votada por la ONU -más allá de que esta fuera impulsada por Estados Unidos y sus aliados europeos que apuntan a quedarse con el petróleo libio-.
Efectivamente, la Resolución de las Naciones Unidas, absolutamente contradictoria con las normas del derecho internacional humanitario, supuestamente trataba de impedir el uso de la aviación, por parte del gobierno libio, para reprimir las protestas pacíficas, que, se enmarcaban en el proceso de luchas democráticas que se vienen dando en gran parte de los países del Magreb.
No se suponía que la autorización de Naciones Unidas permitiera bombardear ciudades abiertas como Trípoli, la capital, ni tampoco pueblos y ciudades del interior, ocasionando, como ha pasado, miles de víctimas inocentes y la destrucción de la infraestructura urbana.
Por su parte los denominados “rebeldes” por la prensa occidental, se han transformado en una fuerza mercenaria instrumentada por la Alianza Atlántica -OTAN-.
Reciben armamento y asesoramiento desde Bahrein.
Este pequeño Reino, con algo menos de un millón de habitantes, fue también escenario de masivas protestas contra el régimen autocrático de Hamad Bin Isa, que fueron brutalmente reprimidas, con la ayuda militar de otro aliado de Washington -Arabia Saudita-.
Desde este territorio, que alberga la base norteamericana mas grande de la región, asiento de la V flota de la marina estadounidense, y numerosas cárceles secretas de la Agencia Central de Inteligencia, parte el abastecimiento militar que reciben los “rebeldes libios”.
Resulta aparentemente contradictorio que esta nación, con un porcentaje de analfabetos que alcanza al 41 %, y una desocupación que ronda el 30 %, sea el santuario de la rebelión que hoy cuenta con el total apoyo de Estados Unidos, siendo que la monarquía se define como chiíta, y ha tenido vínculos estrechos con Bin Laden, cuándo este era el que organizaba la oposición de los talibanes a la presencia de la URSS en Afganistán.
En realidad es coherente con la política de Estados Unidos en la región. Libia es un país de un millón ochocientos mil kilómetros cuadrados, y cerca de seis millones de habitantes, es el noveno productor de petróleo de la OPEP y exporta el 80 % de su producción a Europa -principalmente a Francia, Italia y Alemania-.
El PBI por habitante es de U$S 12.620, y la renta por las exportaciones petroleras alcanzan a 90 mil millones de dólares anuales.
Posee una estructura tribal. 33 son las tribus que habitan en su territorio que se conformó por la unión de dos regiones, la Cirenaica y la Tripolitania.
Su capital, Trípoli fue durante el Imperio Romano una colonia de verano y el principal puerto sobre el Mediterráneo.
Las tribus que hoy participan de la contienda tienen, fundamentalmente, su asiento en la zona de Cirenaica y son profundamente conservadoras.
La intención de los agresores de la OTAN es la de asesinar a Kadhaffi e imponer un régimen pronorteamericano en el país o, de lo contrario, escindir este y quedarse con la región de Cirenaica que es la mas rica en petróleo, estableciendo la capital en Benghazi.
Como se explica esta conducta teniendo en cuenta el rol del líder libio a partir de la década del 90.
Son los cambios del que fuera “un grande hombre”.
El primer Khadaffi
A principios de los años 60 ingresaba al Ejército un joven nacionalista, hijo de beduinos nómades, que aspiraba a cambiar la situación de total entrega del país a intereses extranjeros.
Muammar Al Khaddafi, inspirado en los éxitos del líder egipcio Gamal Abdel Nasser, funda en Londres -donde estudiaba técnicas militares- la Unión de Oficiales Libres.
De regreso a su patria continúa su labor política y conspirativa, iniciando el 1º de setiembre de 1969 una insurrección que rápidamente logra derrocar a la monarquía.
La caída del régimen contó con un gran apoyo popular, debido a la corrupción y la decadencia de la aristocracia, vinculada al capital extranjero.
El Consejo de la Revolución, liderado por Khaddafi, se proclamó musulmán, nasserista y socialista, e inmediatamente inició un plan para eliminar las bases militares norteamericanas e inglesas, imponiendo drásticas limitaciones a las casi 60 empresas trasnacionales, instaladas en el país.
Utilizando los enormes recursos provenientes del petróleo, se puso en marcha un ambicioso proyecto de modernización, con énfasis especial en el desarrollo de la agricultura.
Cada familia rural tenía derecho a 10 hectáreas de tierra, un tractor, vivienda, implementos agrícolas e irrigación.
Dado que su enorme desierto está asentado sobre un gran lago fósil inició una imponente obra de ingeniería para extraer el agua de este, e irrigar las zonas dedicadas a la agricultura, con una inversión de 24 mil millones de dólares.
En una década elevó la expectativa de vida a 75 años, la más alta de Africa, eliminó. casi totalmente el analfabetismo y amplió la cantidad de jóvenes que accedían a los estudios universitarios.
En las ciudades se creó un régimen de previsión social, con asistencia médica gratuita y un sistema de estímulo a las familias numerosas.
A los trabajadores industriales se les concedió una participación del 25 % en las ganancias de las empresas.
El resultado de este plan global de transformaciones económicas financiadas por el petróleo, hizo que Libia, en un lapso de cinco años, pasara de ser el país más pobre del norte de África al que alcanzara el ingreso per cápita más alto del continente.
Las transformaciones políticas alcanzaron otro ritmo en 1977 cuándo se constituyera la Yamahiribia Libia Árabe Popular y Socialista -Yamahiribia es un neologismo que significa Estado de masas-.
Si bien el coronel Muammar Khadaffi obtuvo éxitos positivos en lo interno, en el plano internacional fracasó en su intento de lograr la unión con Siria y Egipto para lograr un estado panárabe que enfrentara a Israel, ya convertido, por los Estados Unidos, en el gendarme del Medio Oriente.
En este proceso lo acompañaban las tribus de Tripolitania, de mayor densidad demográfica.
Existía, efectivamente, un estado benefactor, los habitantes del país no pagaban la luz, ni el gas y en los grandes complejos habitacionales, construidos en esos años, tampoco pagaban alquiler alguno.
La educación estaba al alcance de todos, lo mismo que la salud pública.
Kadhaffi, conociendo la concepción de su pueblo sobre el rol de la mujer, expresaba una posición diferente al haber confiado a estas su custodia.
En 1986, durante el período de Ronald Reagan, Estados Unidos bombardeó las ciudades de Trípoli y Benghassi, asesinando a la hija del líder libio, de sólo 4 años.
Libia desarrolló, en esos años, una actividad solidaria con Cuba y Nicaragua, y ofreció apoyo armamentístico a la Dictadura Militar Argentina ante la ocupación de las Islas Malvinas, en abril de 1982.
El segundo Kadhaffi
 
Como sucede y ha sucedido en la historia de la humanidad, las presiones y las diferentes circunstancias históricas y sus debilidades, hacen que dirigentes que juegan un papel determinante en las luchas de liberación de sus pueblos, luego se transformen en dictadores que dejen de tener “el oído en el pueblo” como diría el asesinado Monseñor Angeleri.
Esto ocurrió con el líder libio.
La desaparición de la Unión Soviética, y la expansión de regímenes pronorteamericanos en la región, aislaron cada vez mas al régimen de Muammar Kaddhaffi, el que en 2003 concertó un acuerdo con los Estados Unidos recibiendo, como ilustre visitante a George Busch -hijo-.
Luego de ello comenzó a realizar inversiones en Europa, en sociedad con Silvio Berlusconi, ayudó financieramente a Nicolás Sarkozy en la campaña electoral, y sus hijos hacían gala en el exterior de una fortuna considerable, al mismo tiempo que uno de ellos intentaba comprar un club de fútbol en Inglaterra.
Ello se producía cuándo desaparecía el estado benefactor, la desocupación alcanzaba a más del 33 % de su población activa, y el aumento considerable en el costo de los alimentos, determinaba un incremento de la pobreza y la indigencia.
Esto sucedía en un país en el, que al igual que todos los del Magreb, el 60 % de sus habitantes tienen menos de 30 años y carecen de salida laboral.
En este contexto, y contagiados por los procesos democráticos que se abrieron a principios de año en Egipto, Túnez, Marruecos, Yemen y Barhein, entre otros países, miles de ciudadanos salieron a las calles de las principales ciudades, reclamando, participación, libertad, mayor democracia y un mejor nivel de vida.
Condenaban, al mismo tiempo, a una autocracia oligárquica enquistada en el gobierno, profundamente corrupta.
El líder, que ya no era aquél joven oficial hijo de beduinos pobres, no percibió la justeza de los reclamos y enfrentó a los manifestantes con las fuerzas de seguridad.
Por su lado los intereses petroleros, afincados en la región de Cirenaica, con el apoyo de las tribus mas conservadoras y fundamentalistas, vieron la posibilidad de desembarazarse del líder libio, en el que no confían, pese a sus vacilaciones, para lograr la instalación de un gobierno en esta nación, dócil y aliado a las potencias de la OTAN.
La transformación de las manifestaciones pacíficas en resistencia armada encabezada por el que fuera Ministro del Interior del régimen, la entrada de gran cantidad de armamento sofisticado con destino a los rebeldes y la intervención de la alianza atlántica en apoyo de estos, ha cambiado el signo de la protesta, que ya no se enmarca en la Revolución democrática que sacude al mundo árabe.
Es, sin duda, una nueva invasión como la de Irak y Afganistán, y puede culminar con el derrocamiento de Khaddafi o con el cercenamiento de esta nación constituyendo la Republica de Cirenaica.
En este escenario, sin duda, debemos condenar la agresión de la coalición de las potencias “occidentales” y reclamar para que el pueblo libio, sin interferencia alguna, pueda decidir su destino, saludando el aire fresco que sopla en los países del Medio Oriente.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex director del Diario “El Mundo

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