Una visita al soldado de Wikileaks, Bradley Manning

Por David Leigh

El soldado estadounidense Bradley Manning está recluido en condiciones inhumanas en una prisión militar acusado de proporcionar información secreta a Wikileaks. Cada semana un amigo suyo de Boston acude a visitarlo.

Llegar a ver al prisionero Bradley Manning, actualmente encadenado como si se tratase de un animal salvaje, es muy difícil. Sin embargo, David House viaja regularmente con destino a la prisión militar que recluye a este pequeño soldado estadounidense de poco más de 5 pies de altura [un poco más de un metro cincuenta]. House, un investigador informático de 23 años del Massachusetts Institute of Technology (MIT) amigo de Manning, abandona Boston cada dos semanas un viernes por la tarde después de trabajar: “Inmediatamente me marcho a casa, cojo mi mochila militar, meto en ella un montón de calcetines y ropa cómoda y salto a un tren Amtrak con dirección a Washington D.C. Es un viaje de siete a ocho horas.”

 

Mientras viaja en el tren nocturno, una de las cosas que House intenta hacer es sacarse de la cabeza los insultos y amenazas que recibe por correo electrónico debido a su ayuda al joven solitario acusado de ser el “hacktivista” detrás de los escándalos recientemente revelados por Wikileaks. “Recibo probablemente entre 10 y 15 correos electrónicos de ese tipo cada día. Son un montón, pero sólo uno o dos a la semana son auténticas amenazas de muerte.”

 

House llega a Washington D.C. a las seis de la madrugada. Con frecuencia se registra en un hostal barato para estudiantes cerca de la estación de tren antes de alquilar un coche para dirigirse 36 millas (57 kilómetros) en dirección sur por la Interestatal 95 hasta Quantico, en el estado de Virginia. Es importante llegar el sábado al mediodía. Demasiado pronto y los guardias le rechazan, demasiado tarde y ha de aguardar unas horas, de acuerdo con los estrictos períodos de visita de fin de semana, entre las doce y las tres de la tarde. Reconoce que al menos él tiene suerte de estar en la lista de visitas. Que pudiese demostrar ser amigo de Manning fue de gran ayuda. Hace un año House y Manning se encontraron cuando el joven soldado apareció en una conferencia de hackers organizada por House. “Un chaval de Alabama”, recuerda House de Manning, quien había conseguido acceder, por méritos intelectuales propios, en la élite hacker de la Universidad de Boston y el MIT.

 

“Estaba claro que Bradley estaba de algún modo metido en la cultura hacker“, recuerda House. “Pero parecía un poco un outsider. Bradley obviamente había dormido bien, no había estado trasnochando durante varios días, iba bien peinado, se había duchado. No iba sucio, como iría un típico hacker“, ríe. “¡Sobre todo en Boston! Estas personas no se afeitan durante días, huelen mal. Todo esto son características de los intelectuales que están comprometidos u obsesionados hasta este punto con sus pasiones. Es como un distintivo de honor. Si alguien está preocupado de algún modo por su apariencia, entonces no se mezcla muy bien con la escena académica hacker de Boston.”

 

House se anima con este tema y cita el Manifiesto hacker, un ensayo de 1986 escrito por el conocido pirata informático Loyd Blankenship: “Sí, soy un criminal. Mi crimen es ser curioso. Mi crimen es juzgar a la gente por lo que dicen y piensan y no por su apariencia. Mi crimen es el de ser más listo que tú, algo que nunca me perdonarás. Soy un hacker y éste es mi manifiesto.”

 

La familia de Manning dice que el joven soldado nunca debería haber sido destinado en Irak, y que ya mostraba síntomas de depresión antes de ser enviado allí. Este tipo de piratería informática, en la cual fue introducido durante sus vacaciones por un novio de Boston, parecía un ambiente que podría haberle salvado. El soldado de 22 años había salido recientemente del armario como homosexual, tenía una infancia desgraciada y una relación problemática con su padre, un antiguo militar estadounidense que se había casado y divorciado de la madre de Manning en Gales. Manning era un soldado atípico, que en sus chapas de identificación había dado “humanista” como religión y tenía sus propias opiniones políticas. Se había unido al ejército estadounidense como analista de inteligencia, más que nada, según House, para poder recibir después la ayuda financiera concedida a los soldados para estudiar según la conocida GI Bill. “Me dijo que quería ir a la universidad y conseguir un diploma en física y una licenciatura en ciencias políticas: para eso estaba allí disparando, por este compromiso intelectual.”

 

¿Así fue Manning arrastrado a la ‘cultura hacker‘? “Sí, eso diría. Es una comunidad muy creativa, muy seductora. Se trata de personas que aparentemente no tienen límites. Cuando entras en contacto con esta cultura, que te proporciona tanta energía, puede atraparte.” Houses hace una ligera pausa. “En el buen sentido de la palabra, quiero decir.”

 

Los viajes matutinos de House cada sábado terminan ante las puertas de la base del cuerpo de Marines de Quantico. Manning llegó en avión aquí directamente desde Oriente Medio el año pasado y fue encerrado acusado de haber hackeado las bases de datos militares, a las que tenía acceso gracias a su pase “secreto”, y haber proporcionado información a Julian Assange y su organización, Wikileaks. Manning había sido detenido tras la aparición del vídeo que muestra a un helicóptero Apache matando a 12 civiles irakíes en el 2007. Más tarde Assange sacó a la luz 250.000 cables diplomáticos y entregó los informes sobre el terreno de los militares en Afganistán e Irak a varios periódicos, incluyendo el Guardian, que publicaron algunos de ellos, lo que motivó un terremoto en la opinión pública internacional.

 

Desde entonces las duras condiciones del encarcelamiento de Manning –sin haber sido condenado ni juzgado– son motivo de una creciente preocupación, culminando en las declaraciones del portavoz de Hillary Clinton, Philip Crowley, ante la audiencia de un seminario de Boston: “Lo que se le está haciendo a Bradley Manning es ridículo y contraproducente y estúpido por parte del departamento de defensa.” Crowley poco después fue obligado a dimitir.

 

House también ha de soportar el trato desabrido del ejército estadounidense cuando se detiene ante la caseta de guardia en Quantico. “Recientemente se ha convertido en algo muy duro. El guardia aparenta ser cortés. Pero tengo que detenerme. Me obligan a identificarme y dan una señal por radio. Levantan la barrera y aparecen todos esos tipos con escopetas. Entonces tengo que esperar unos veinte minutos a una escolta. Llegan dos jeeps negros y te acompañan a la base, dos o tres millas, muy lentamente, con las luces en marcha. Ahora mismo se tarda unos 30 minutos desde la entrada.”

 

A Manning sólo se le permiten visitan los sábados y domingos. El resto de la semana es mantenido en una celda 23 horas al día, alimentado con una dieta diaria de pastillas antidepresivas, se le prohíbe practicar ejercicio en su celda y se le despierta a la fuerza si trata de dormir durante el día. Está sujeto continuamente a una “máxima custodia” y también a la denominada orden para la “prevención de lesiones”, la cual, entre otras cosas, le priva de su ropa durante la noche, así como de una cama y unas sábanas normales, que son sustituidas por unas sábanas que describe como el delantal de plomo que emplean los operarios de máquinas de rayos X. No se le permite tener ninguna posesión personal.

 

Los problemas se incrementaron después de una pequeña manifestación en las puertas de Quantico. Entonces fue puesto bajo la denominada “vigilancia de suicidio”. Escribió una carta de protesta, que envió a su abogado, un teniente coronel en la reserva del ejército: “Se han llevado toda mi ropa, con la excepción de mi ropa interior. Se han llevado mis gafas y me han obligado a sentarme básicamente a ciegas.” Escribe: “Me enfadé. De pura frustración, me llevé las manos a la cabeza y grité: ‘¿Por qué me estáis haciendo todo esto? ¿Por qué me estáis castigando? ¡Yo no he hecho nada malo!'”

 

La vigilancia por suicidio fue retirada tras las protestas, pero tras el rechazo de una apelación para rebajar su estatuto al de un prisionero común, aparecieron nuevas indignidades. Manning dice que cometió el error de decir sarcásticamente que no dudaría en causarse daño con sus bóxer elásticos durante la noche. Se llevaron su ropa interior y ahora ha de pasar revista desnudo.

 

Tras su llegada escoltada a la cárcel, un edificio de un solo piso rodeado de una alambrada de espino de 20 pies (6 metros) de alto, House es registrado y se le requiere entregar todas sus posesiones. “Toman tu teléfono, tus bolígrafos, todos tus documentos de identidad.” Señala su brazalete, hecho con una cuerda de paracaídas negra. “Se llevan este brazalete y virtualmente todo, menos la ropa que llevas puesta. Te guían y entras en la sala de espera. Entonces ordenan a abrir las puertas en el celda, y se pueden oír todas estas puertas hidráulicas abriéndose allí detrás. Durante un momento no se oye más que silencio, y después oyes las cadenas…”

 

“Puedes oír a Bradley llegar desde mucho antes debido a todas las cadenas que lleva: sus pies están encadenados, y desde allí parte una cadena hasta un cinturón de cuero alrededor de su cintura. Sus manos están encadenadas a él y no puede moverlas libremente.”

 

La habitación está dividida por una pantalla de vidrio antibalas con un pequeño agujero para mantener las conversaciones. La figura delgada de Manning se arrastra hasta sentarse en un taburete atornillado al suelo. Tres corpulentos guardias del cuerpo de Marines se encuentran en todo momento en guardia a poca distancia de él, mientras un micrófono en el techo registra todo lo que dice, y un cuarto guardia patrulla tras la puerta por la que House ha entrado.

 

“Luces fluorescentes, gruesos muros de cemento, guardias armados y con cadenas: ésa es la situación en la que conversamos. Yo no lo llamaría precisamente relajante…” House ríe un poco.

 

Dice que Manning rara vez escribe cartas: “Ha de tomarse una medicación antidepresiva que el ejército le entrega, inmediatamente antes de la hora en que se le permite ver la televisión, escribir, o ducharse. Le parece muy difícil escribir bajo la influencia de estos antidepresivos. Algunos días ni siquiera le proporcionan un bolígrafo para poder hacerlo.”

 

Tampoco recibe mucha correspondencia. “Hacia las pasadas Navidades hubo una campaña para enviarle cartas. Pero me dijo: ‘Por favor, no lo hagáis. Sobrecargará a la prisión y enfadará al personal.”

 

Al comienzo, Manning y House tuvieron lo que este último describe como “conversaciones fantásticas”. “Tuvimos una conversación realmente filosófica sobre la naturaleza de Internet. Hablamos sobre este término, que no sé si acuñó él, neurosociología. La idea de que la humanidad está ahora conectada mediante Internet, que Internet es como un sistema nervioso de la humanidad, que les permite a la organizarse de manera mucho más rápida y veloz. ¿Qué es lo que eso significa para nosotros desde un punto de vista antropológico?”

 

La imagen se tornó más sombría, empero, a medida que avanzaron los meses de prisión, afirma House. Tras el episodio de vigilancia suicida, dice, Manning parecía “catatónico” y exhausto. Pero se animó tras recibir un pequeño flujo de visitas familiares. Su madre galesa, Susan, viajó el mes pasado acompañada de sus tíos, que también viven en Gales. Se les impidió visitarle alegando que “no estaban en la lista” y hubieron de esperar en el aparcamiento de la prisión. Su padre, Brian Manning, se ha vuelto a casar y, a pesar de su propio pasado militar, también le visita y ha hecho declaraciones públicas denunciando las condiciones de su hijo en prisión.

 

La diputada galesa Ann Clwyd ha empuñado discretamente también la bandera de este caso, impresionada por la situación de la familia de Manning y por la razón alegada por éste para el desafecto definitivo hacia el ejército: lo que le impresionaron las injusticias experimentadas por los detenidos iraquíes, y la indiferencia de sus superiores militares estadounidenses.

 

En el Reino Unido Amnistía Internacional ha mostrado una preocupación similar. El director de las campañas internacionales de la organización en el Reino Unido, Tim Hancock, declaró lo siguiente: “Hemos oído que Bradley Manning es obligado a quitarse cada noche toda la ropa y a pasar revista, desnudo, cada mañana, para poder recuperarla. Esto es completamente degradante y no tiene ningún otro fin que castigarle y humillarle, dado que ya se encuentra bajo una estricta supervisión. Manning está siendo objeto de un trato cruel, inhumano y degradante. Esto es particularmente inquietante si se considera que ni tan siquiera ha sido juzgado y mucho menos aún condenado por crimen alguno.”

 

Este joven, acusado de ser el responsable de la mayor filtración de la historia del periodismo, está, no obstante, aparentemente a la entera merced de sus superiores: seguirá alistado como hombre en servicio hasta finales del mes de octubre de este año, y, por lo tanto, sujeto a la disciplina y orden castrense.

 

En la último cambio de sus condiciones, Manning ha sido acusado de 22 nuevos crímenes, incluyendo el de “ayuda al enemigo”, potencialmente castigado con la pena de muerte. Según sus defensores, esta pequeña figura cargada de cadenas en una prisión de Quantico debe representar en verdad algo terrible para el ejército estadounidense.

David Leigh es uno de los editores de The Guardian

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s